San Gregorio
Impávida, quieta y recalcitrante, divisé el espasmo torturador de su risa sanguínea y corporal.
Desde ese siglo etéreo que no encuentro un musitar de respuestas incontinuas en tu impulsiva belleza animal y drogadicta.
Me sugestiono labios caprichosos en su triste mirada subyugada por la vergüenza .
NO son hechos, los que se basan en la hermosura argumentativa de tus pechos continuos, ojos encandescentes y miradas; Sino que sólo imaginaciones genuinas en tu ambiente taciturno pero bestialmente florido de fabulosas convicciones abstractas.
Te quiero en una gota agònica de siglopara besar el único labio que agradezco.
