viernes, mayo 13, 2005

Metro

Visceralmente y sólo en el metro, llego al pleno conocimiento de lo inexistente.
es como un podrido hábito de mirar los culos de las féminas, hartas de la perversión pacata de unos pocos perros hambrientos. Luego observo hacia atrás y un perro mudo me habla. He comprovado la tesis primogénita, o más bien, la genesitesis del colapso.
Sigue habiendo desorden dentro de mi pieza. observo sigiloso un cerebro tirado debajo de mi cama. Este, está extinto de placer, jubiloso de la miseria, opaco y ssssssssssssuppper aaaaaaanimoso. pero nunca tanto...